De regreso al reloj analógico y digital
Durante años usé smartwatches, principalmente para recibir notificaciones del teléfono en tiempo real y responder con mensajes predefinidos. También los usaba como fitness tracker: pasos, calorías, mapas y un sinnúmero de funciones.
¿El problema? La cantidad de notificaciones que recibía en un día.
Llegó un punto en que el reloj tenía que cargarse a mitad del día. La vibración constante en la muñeca empezó a generar una especie de rechazo automático. Intenté soluciones: filtrar notificaciones, cambiar a relojes Garmin, ajustar hábitos. Pero en algún momento me di cuenta de algo simple: esto no debería ser normal. Un reloj, a fin de cuentas, es para ver la hora y, en algunos casos, la fecha.
Resulta curioso lo fácil que es acostumbrarse a los smartwatches y olvidar para qué era originalmente un reloj.
Fotografía del actual reloj que llevo usando. Un Timex Expedition (ISO 200 · f/8.0 · 1/25 · 16mm).
No me malinterpreten. Si usas un smartwatch con notificaciones filtradas, música, mapas, tracking de actividad y no te molesta cargarlo, probablemente esto no te haga mucho sentido. Y está bien: es cosa de gustos. En lo personal, dejar de depender de cargar otro dispositivo en el día a día fue un alivio. Hoy prefiero algo simple: un reloj que siempre tenga la hora disponible y cuya batería, en el mejor de los casos, dura 10 años (Si, a ti te miro, Casio Royale).